Cuando escuchaba nuestras canciones me
daban igual. Me gustaba que me recordaran a ti, pero nada más. No me
entristecían por algo que era imposible por aquél entonces, simplemente me
gustaban. Ahora, cuando las escucho, trato de evitarlas y si no es así, es
porque como a todo ser humano, disfruto sufriendo, y prefiero de esta manera,
idealizar lo sucedido y darle un toque aún más dramático. Dicen que el amor y
las relaciones humanas son muy complejos. Yo también lo pienso. Son cochambrosas
si las haces tú así. Pero a veces, las cosas se reducen a un silogismo muy
sencillo. Hay que quemar las cosas cuando están calientes. Si no, pierdes la
oportunidad. Se consume todo por sí mismo. La cosa se complica cuando buscas
calor cuando sólo queda la hiel de esa llama. Cuando tratas de encender algo
que ya estaba mojado e ilusamente, crees haberte calentado cuando encuentras
unos resquicios que aún, curiosamente, parecían secos.
Después de mucho tiempo, te basta sólo una noche para ver lo afortunada que fuiste
por tener a ese alguien a tu lado. Antes, ni lo habías considerado, porque no
te dio tiempo a hacerlo. Entraste en un lapso de seis meses y consumiste hasta
la última gota de esa experiencia. Volviste y eras tú quien estaba
completamente mojada y por la tanto, era imposible que incendiaras. Flujos inversos,
se dice. Así de sencillo pero así de complejo. Ni hay vuelta atrás ni se puede
ir hacia delante. Así es la vida, y pese
a que te consideres una persona especial, el despecho no entiende de belleza,
inteligencia ni pasión. A todos nos llega.
Después de una temporada sin ti pensaba que tardarías más en aparecer. Estuviste tan desaparecida que te creí muerta o que habías encontrado a otra persona con la que divertirte y jugar con esa espiral tan audaz que tanto te gustaba. Si, esa para la que yo era perfecta, encajaba. Porque siempre acababa adorando tus sollozos y angustias, creyéndote. La mayoría de veces, me dejaba llevar y me arrastrabas. Me fundía en tus movimientos, paulatinamente, y éramos una sola cosa. Y a ti te encantaba.
Incluso el grito más afilado y más hondo no sería capaz de enmudecer como me siento. Me encuentro perdida en un desasosiego constante, que me despierta en seco en medio de la noche, dejándome sin aliento y colgada en esa nada, en ese espacio infinito donde se halla el todo y a la vez, el vacío. Un sinfín de sensaciones que no avisan, simplemente aparecen. Como si me despertara dentro de un sueño en el que no hay consciencia de nada. Solo yo, allí. Los alvéolos de mis pulmones ahondan senderos extraños, delicados y que acaban por hipnotizarme. Consigo dormirme. Pero no hay de qué preocuparse, sé que volveré a encontrarte en unas horas, cuando me vuelva a sumergir en el sueño agitado, para tu deleite. Hasta mañana querida.
Trasteando por diferentes blogs en internet me he encontrado con algo que me ha enganchado. No se trata de alguien que solo escribe sobre él - eso es un más a más -, es alguien que he encontrado leyendo eldiario.es. Se trata de un joven periodista, Héctor Juanatey Ferreiro.Nada más toparme con su blog ( http://www.encontraportada.com/ ) no he podido sucumbir a su encanto y leer unas cuantas entradas de golpe.
De repente, me he encontrado ante una entrada llamada "Carta" y en ella, citaba a un poeta gallego, Loius Pereiro. Al leer esa sinfonía de palabras tan armónica, de una belleza tan pura y sin pelos en la lengua, al coser esos sentimientos sobre letras de una forma tan aguda, he decido buscar quien era. Lois Pereiro (1958-1996) fue un escritor y poeta español en lengua gallega. Aquí os dejo la carta que tanto me ha sorprendido:
My Dear P.:
This is not a new and simple declaración of my love. Sería absurdo, aburriría a Cristo, después de tantas otras en todos los idiomas, de otros y otras en todos los lugares del mundo, pronunciadas por muertos y por vivos. Esto es muy diferente.
No puede ser ya una declaración manchada por el tiempo o el espacio. Hemos sobrepasado la barrera de esa “duración” de que habla Handke, porque en el fango de todas las nostalgias, visiones, contaminación mutua, imágenes creadas y compartidas, sin ruido y sin furia en que estamos metidos hasta el cuello, eso que otros llaman amor no es suficiente: como una sentencia cumplida hace ya tiempo. Todo lo que alguna vez fue nuestro no puede existir más que en nuestra sangre que sigue su camino guiada por las venas de cada uno entremezcladas sólo en el cerebro. No somos siameses, pero tú tienes mi alma y yo la tuya, sin que sepamos nosotros cómo y cuándo. Y el mundo vive ahí fuera con sus turbulencias sin afectar seriamente a las nuestras. Cruzadas las barreras, superados los límites, olvidados los años, desde playas desiertas de Bretaña, desde hoteles ambiguos, desde el silencio que no necesita de más palabras que las que casi nunca se pronuncian, de miradas que nunca significan algo distinto a la luz que las baña, en imnumerables sueños cruzados, en el contacto leve que a veces queremos permitirnos, el mundo sigue girando indignado con nuestra indiferencia.
Tu ausencia o tu presencia sólo altera mi vida o mis deseos pero no podría interrumpir ni un sólo instante una conversación continua que invade mi cerebro y forma mi memoria, aunque esa ausencia llegase a ser eterna.
Lo que fuimos o lo que somos va camino de ser intenso y duro, indefinible pero sin duda eterno, que es lo que dura la vida de un hombre que no se resigna aunque la muerte lo espere. La verdadera duración del Tiempo es algo que un simple amor no puede concebir entre sus márgenes, no es capaz de acoger en sus entrañas tanta imagen vivida, tan pocas palabras para decir tanto, ritos y gritos sin alzar la voz como los que tú y yo llegamos a crear, juntos o separados, da lo mismo.
Este será el poema prometido en el lecho de mi resurrección o pacto con el diablo, ¿quién lo sabe? Pero no sería el último aunque las manos se me volviesen ramas secas o el cerebro una ciénaga. No habrá final hasta que el mundo se disperse y con sus restos nuestros comunes restos del naufragio, de un espacio cósmico que ya será siempre nuestra común y ardiente pesadilla. “Aniquilar el dolor aniquilando el deseo”, dijo Buda. Un buen consejo que llega un poco tarde porque soy ya un experto en ambas cosas y prefiero sufrir, callar y hundirme los dedos en la herida antes de olvidar el más mínimo instante de mi deseo por ti.
Ya ves, nunca seré budista. Demasiado tiempo entre dos vidas y no quiero perderte entre transmigraciones y, entre ellas, mi dolor y mi fracaso. Podría también ser yo el que representase tu papel, o tú el mío, o el mismo en una película distinta, o uno secundario en un viejo ‘thriller’ en blanco y negro. Pero encontraría siempre la manera de no salir de tu alma, de entrar en ti a oscuras del modo más sutil o violento, y también de apartarme elegantemente, ya lo sabes ¿Cómo no vas a saberlo precisamente tú, que me diste el aliento y fuimos uno sin buscar nunca en los peores momentos la solución para evadirnos de un amor atroz y destructivo? Y también sabes hasta donde podía llegar mi desesperación al creerte perdida, y nunca necesitarás preguntarme en serio si te amo. Sólo podemos recrear diálogos, decirme: “Miénteme, dime que me amas”, porque a ti ya no podría mentirte ni lo haría ya si tuviese que hacerlo. Te vi una vez y te sigo mirando cuando no me ves, y creo que si algo me hizo amarte fue tu capacidad para saber siempre dónde poner los ojos, y sigo enamorado de tu infinita gama de miradas.
“Do you love me?”, said the man. And she looked at him, but her eyes were fixed on the wall beyond her lover, looking the wide and open map of the world behind his head.
Lo que viene a continuación no quiero que se antoje como una nota de
suicidio o como un simple analgésico para frenar toda la tempestuosa vorágine
de odio y repugnancia hallada en mi interior sobre lo que está pasando. No voy a escribir nada que no se sepa,
simplemente, es un escrito más para manifestar que estoy hasta los mismísimos
de lo que está pasando y cómo esta sociedad, tan libre y democrática, no se
cansa de oprimir más y más (antes sutilmente - si admitimos que siempre se ha
inyectado cierta dosis de morfina a la sociedad - pero ahora es sumamente
descarado).
Promesas que no valen nada, diría una canción de los Piratas: prometían el
oro y el moro antes de gobernar, y ahora que están en el poder y con mayoría
absoluta (SÍ, GRACIAS POR VOTAR AL PP) se mean en nosotros. Nos han subido el
IVA, señores: pero evidentemente, no hay dos
sin tres, los Toros vuelven a emitirse por Televisión Española y el IVA para
ese espectáculo no se incrementa. Joder,
es que con Franco estábamos mejor, digo, con Aznar, ¿verdad?
La función de una televisión pública es mantener informada a la sociedad,
alimentar a sus ciudadanos para que sean capaces de elaborar una base crítica y
tengan un espacio donde discutirlas. Sí, hablo de la tan comentada Esfera pública de Habermas. Pese a que
muchos hayan agotado la esperanza en este tipo de televisión, ha existido. TVE
y RTVE lo consiguieron. Han luchado durante años a machamartillo para que este
proceso gradual empapara a una sociedad que estaba en aras de ser avanzada,
culta y crítica. No me quiero tragar el discursillo endeble de que España es
una ciudad de pandereta, soez y atrasada. Eso es lo que nos quieren hacer
pensar, que somos nefastos en I+D, que no somos emprendedores. Joder si lo
somos, hay una tenaz capa social (y no me refiero a la burguesía española) que
lleva años nadando a contracorriente y haciendo de este propósito, una realidad.
Evidentemente, esto no interesa defenderlo. Es más fácil solo atribuir a la
sociedad española el clisé peyorativo de atrasados, cutres e individuos con
neuronas sucias de carcoma. Puede que sí haya sectores así, entre ellos,
votados por nosotros, la clase política y otros de tradición centenaria, la
Corona. Ahora, ese proceso gradual de avance e ingenio de los españoles está
siendo despojado. Los últimos despidos en TVE y RTVE lo han hecho evidente. La manipulación
de los medios de comunicación es otro discurso más que asentado. Pero, nunca lo
he dado todo por perdido, porque sí que creo (o creía) que mediante ciertos
mecanismos, se pueden cambiar las cosas.
Nos están ahogando, y como dice Chomsky, la mayor manipulación está en el
lenguaje. Lo están consiguiendo con su discurso único, el hándicap de la
derecha. Pero queridos, no nos subestiméis.
Deixar-se emportar, anar empassant tota la merda que ens ve i ens vindrà a sobra. I què fer? Protestar, protestar i protestar. Però arriba un punt en que tots els teus reclams i anhels comencen a esbaïr-se. Tot t'incomoda, et molesta. I aleshores, et fons en el teu dia a dia. En les teves històries egoïstes, per què a vegades, ser així és l'únic camí per suavitzar la impotència de la teva lluita.
Enmig d'aquest mar pesat i cínic que és el nadal, un pensa que és més feliç si passeja pels carrers plens de llumetes i amb aparadors plens de llums per a no pensar. Però la realitat més dura i poruga arriba el dia 1 de gener. Amb més gent al carrer, sense casa, amb menys drets universals, amb un sou de merda, amb els preus alts. I amb els teus mals de caps diaris; uns sentiments que no gosses expressar, el sexe, l'apreci, l'amistat.
La vida, al cap i a la fi, són una sèrie de mal de caps, però que et fan sentir viu i els estimes.
Tus sentimientos se esparcen y disuelven en
miles de destellos por todo tu alrededor. Ha sucedido lo que andabas tiempo
evitando: caer en esa amalgama extraña y ambigua, que poco a poco te absorbe hacia
dentro. ¿Qué por qué no quería? Porque es cuando menos libre se siente uno,
porque no actúa bajo sus directrices sino bajo las que éste sentimiento te lleva, de forma locuaz e impulsiva y te arrastra. No
es algo malo, pero simplemente de tanto cerrar puertas he entrado sin querer en
el gran hall. Es el comienzo del todo y de la nada. Algo que nos une pero que a
la vez, nos separa.
La nostalgia o la añoranza siempre se ha relacionado (o casi siempre) con la tristeza. Con el sentimiento de pena o melancolía que siente una persona al recordar una vivencia pasada, una persona o simplemente, algo que ha dejado atrás pero que su rastro sigue latente.
Para mi no es solo tristeza, es recordar, mientras se me eriza el bello y el lagrimal enciende el intermitente, momentos en los que he sido tan feliz que realmente me produce un destello de confusión pensar que no los volveré a repetir.
Sigo con el imperativo de que sentir dolor, añoranza, tristeza, alegría o cualquier sentimiento, siempre es símbolo de estar vivo, de que no te hundes en la espuma de los días y te dejas llevar por el pesimismo, la crudeza y insensatez de un mundo que se está carcomiendo a él mismo.
“¡Qué cosa sublime no es la música, tan sublime como
profundo e inescrutable es su misterio! ¿No vive acaso en el espíritu mismo del
hombre? […] ¿No lo colma de dulcísimas imágenes oníricas, arrastrándolo a una
vida diferente, luminosa, ultraterrena, donde el hombre encuentra refugio de
las deprimentes penas de este mundo? […] Sí: una fuerza divina lo invade
entonces. Y quien se abandona con infantil pureza de sentimientos a las
solicitudes de la fantasía, aprende a hablar el lenguaje del romántico, mundo
sin explorar de los espíritus, y evoca inconscientemente (como el aprendiz de
brujo cuando lee en voz alta en el libro mágico del maestro) hileras de ángeles
y de demonios maravillosos, que se mueven alrededor del mundo como aéreos
séquitos de danzantes, suscitando una palpitación de infinita nostalgia que
nadie alcanza a percibir”.
Llevaba demasiado tiempo sin sentirme así. Ya lo echaba de menos. Sentirse una maldita montaña rusa, pensar que puedes quedarte colgada en cualquier curva, en cualquier desliz y zas! Se acabó lo que se daba.
Puede parecer que me guste el sufrimiento, pero a veces, es una forma de darte cuenta que estás realmente viva, que puedes darte cuenta de todos los alfileres que te clava poquito a poco la vida y esgrimir en un pequeños suspiros tu dolor a la vez que sonríes de una manera alborozada, casi sin darte cuenta. Esta sensación me ha acompañado desde hace años y uno le coge cariño a sus imperfecciones y a sus congojas.
Que difícils som les
persones. Som realment incomprensibles. Som
una estúpida caixa de sorpreses, mai tindràs res del tot cert. És sorprenent
com passes d’una alegria desmesurada a una tristesa que ensorra tots els teus
anhels. I què difícil és entendre allò que se’n diu l’amor i la passió, per què
fins i tot les coses més pures, més reals, desapareixen de cop, deixen d’existir.
I no hi ha marxa enrere. Amb la incertesa enguixada al cor, amb un peu a l’abisme
i l’altre a l’esperança.
Odio acabarme los
libros. Es una sensación tan extraña.
Apuras hasta la última línea tu emoción,
pensando a la vez lo mucho que te entristece que a tal creación le esté
llegando su hora. Uno se siente
entumecido, feliz porque al fin ha alcanzado el ansiado clímax de la pieza
literaria que lleva días en sus manos. Pero cuando llega te das cuenta que el
verdadero orgasmo ha sido leerte el libro entero. Desde la primera página,
hasta la última. Sin saber por qué quieres avanzar más y más.
Con Sunset Park me ha pasado algo
curioso. Lo tomé con muchas esperanzas y rápidamente empezaron a mermar. Pero de
repente, empecé a cogerles cariño a los personajes, a vivir con ellos su
desesperación y sus logros. A necesitar un poco más de esa droga. Hasta cambiar
mis propios hábitos de lectura y aprovechar cualquier resquicio del día para
leer, sin descuidar la lectura nocturna diaria. Esa es intocable. Este libro te
hace sentir de nuevo, a creer, a notar las hostias de la vida. Y a la que te
descuidas, te desnuda a ti mismo.
Como el propio Auster añade en una de sus páginas, te hace sentir la extraña sensación de sentirte vivo. Porque a mí, cuando tengo este momento de
incertidumbre al acabar un libro, al sentirme feliz y abarrotada a la vez, es
que ha sido un buen libro.
Desolada, aturdida, enlatada en un sentimiento que no me deja ver más allá. Ni hacia delante, ni hacia atrás. Con un rumbo inerte, inmóvil, anodino. El viento golpea mi cara y mi pelo con más fuerza que nunca y yo sin darme cuenta, cuando el frío acostumbraba a hacerme sentir más viva, ahora son solo unas partículas más fuera de mi cosmos. En un chasquido de dedos todo el peso del mundo recae en mi cuerpo. Y no puedo avanzar, me he quedado petrificada ante el precipicio del abismo. Todo continua viviendo y sin embargo yo sigo aquí, contemplándolo todo, desde el subsuelo.
Y desde el subsuelo contemplo todo con ojos pequeños. Como si de una sala de proyección se tratara, veo y descubro aquello que éramos. Mientras tanto, siento como si miles de agujas se me clavasen una a una, paulatinamente, empapándome de una tristeza incondicional. Implacable. ¿Hacia dónde dirigirse?